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Tagoror Achinech

Miércoles, 19 de octubre de 2005

Renovables, unas reservas aún por explotar

Alemania se muestra aquí decidida a impulsar un nuevo campo industrial y tecnológico y a combatir la emisión de los gases responsables del cambio climático.

Nadie duda de que para que un país pueda desempeñar un papel relevante no puede depender del hilo umbilical energético de otras naciones, porque eso lo hace muy vulnerable. Así lo demuestra la nueva crisis de petróleo tras la guerra de Iraq, los atentados de Arabia Saudí y la subida de los precios del crudo.

Las tecnologías de las fuentes renovables –para producir electricidad, generar calor o mover el transporte– están cada vez más contrastadas, aunque sólo algunas han empezado a abrirse hueco en el mercado de forma clara. Ciertamente, aún no son una solución inmediata para suplir al petróleo, pero 'este es el camino y hay que recorrerlo poco a poco', dice Manuel de Delàs, secretario general de la Asociación de Productores de Energías Renovables, convencido de las ventajas ambientales y, sobre todo, de generación de riqueza autóctona de estas energías (eólica, solar fotovoltaica, solar térmica, biomasa, biocarburantes...).

En cualquier caso, las fuentes limpias señalan la dirección del futuro. Lo demuestra el hecho de que son el sector que más crece. En diez años –entre 1993 y el 2003–, la potencia eólica instalada creció en todo el mundo un 30%, y la de las plantas fotovoltaicas, un 21,5%, porcentajes muy superiores a los del gas natural (2,2%), petróleo (1,3%), carbón (1%) o nuclear (0,6%).

Otra evidencia es el atractivo que despiertan entre las empresas multinacionales. Las más importantes petroleras, como BP o Royal Dutch/ Shell, han invertido centenares de millones de dólares en el desarrollo de energía renovable. Es cierto que se trata tan sólo de una pequeña fracción del volumen que dedican al petróleo y el gas. Pero es un paso relevante, dice Janet Sawin, del Instituto Worldwatch.

Si las energías renovables no son una solución global inmediata es a causa de los obstáculos políticos, entre otros, con que aún tropiezan, pero no por razones tecnológicas. Por eso, su despegue definitivo depende de que los poderes públicos creen mejores condiciones para favorecer este mercado, al igual que hicieron en su día para propiciar la preeminencia del petróleo o la energía nuclear, dice Josep Puig, vicepresidente de la asociación europea por las energías renovables Eurosolar.

¿Y cómo hacer crecer el mercado de las energías renovables? La solución debe ser crear un campo de juego más equilibrado, puesto que las energías convencionales (petróleo, gas, carbón o nuclear) se benefician de subsidios enormes (extracción de la minería o subvenciones a las eléctricas) y, además, no incorporan en sus precios los costes reales derivados de sus emisiones de CO2 o los daños ambientales.

Pero, dado que los subsidios oficiales son difíciles de eliminar, la solución que se ha revelado más exitosa –sobre todo en Alemania y España– es primar las energías renovables, de forma que el sistema eléctrico está obligado a comprar toda la energía limpia a sus productores (de eólica, solar...), quienes reciben un incentivo por kilovatio-hora mejor remunerado que el producido por las térmicas o las nucleares.

'El desarrollo de las energías renovables requiere más voluntad política, una retribución suficiente y facilitar la conexión a las redes eléctricas, cosa que ahora no pasa o resulta muy complicado', dice De Delàs. 'La clave está en movilizar las inversiones y el capital para estas tecnologías emergentes; y eso requiere fijar un marco de estabilidad en la remuneración de 15 o 20 años', dice Puig. Y de la misma manera habría que abrir las puertas a quienes producen biocombustibles con cultivos energéticos (para que los distribuyan en gasolineras) o de biogás (para introducir en gaseoductos o, comprimido, para accionar vehículos).

Lo más justo sería una remuneración gradual de las primas para que, a medida que se desarrollen, se vayan reduciendo los incentivos.

Aun así, la eólica ya es competitiva en precios con las tecnologías más convencionales, pues desde principios de los ochenta su coste de producción se ha reducido a una décima parte, mientras que la energía solar fotovoltaica baja anualmente los costes de producción un 5%, aunque aún es muy alto y requiere mayor prima para generalizarse. Con todo, de seguir el ritmo de crecimiento de los 10 últimos años hasta el año 2020, el mundo dispondría de 2,6 millones de MW eólicos y 48.000 MW de potencia solar fotovoltaica: cerca de un 45% de la potencia prevista para el 2020.

En el ámbito doméstico particular, múltiples trabas complican las instalación de paneles fotovoltaicos. El ciudadano debe darse de alta como industrial para poder facturar la energía producida, y los ayuntamientos ponen objeciones paisajísticas. Lo mejor en este caso es formar cooperativas de productores.

España sólo cumple sus objetivos en la energía eólica

El gobierno del PP aprobó el plan de fomento de las energías renovables en 1998, pero el balance actual de su cumplimiento es insatisfactorio. Las metas están lejos de cumplirse. Así lo reconoce Javier García Breva, director del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE). En España, ha sido notable el desarrollo de la energía eólica, que ha cumplido ya el 50% del objetivo marcado para el 2010. Los 6.300 MW de poetencia instalados han convertido a nuestro país en la segunda potencia eólica mundial. Aun así, estamos lejos de los 12.000 MW de potencia de Alemania.

En cambio, en el caso de la solar fotovoltaica apenas se ha alcanzado un 10% de la meta trazada. Alemania, en cambio, ha instalado anualmente 10 veces más tejados fotovoltaicos, a pesar de que es un país menos soleado. El fracaso mayor es el de la biomasa (restos agrícolas y forestales para producir electricidad o dar calefacción, o cultivos energéticos para biocarburantes en el transporte). Esta circunstancia es especialmente grave, pues un 60% del plan pivotaba sobre este pilar. La causa ha sido lo insuficiente de las primas que reciben los productores.

En cualquier caso, el gran problema energético en nuestro país es el derroche de la energía. El consumo de petróleo bate récords en España mientras la demanda de electricidad creció un 6% el año pasado. Aumentó, pues, a un ritmo muy superior al del producto interior bruto. 'Este incremento es insostenible. Lo prioritario debe ser parar el excesivo crecimiento de la demanda eléctrica', sentencia Javier García Breva. Preocupa, sobre todo, que en España se haya disparado la intensidad energética. Es decir, usamos cada vez más energía para producir la misma unidad de riqueza, mientras que en el resto de Europa la tendencia es justo al revés. La causa es la poca relevancia que han tenido hasta ahora las políticas de ahorro y eficiencia de energía. Sin embargo –recuerda Javier García–, cuanto mayor sea la contribución de estas políticas, menos dependeremos del petróleo y menos emisiones de CO2 generaremos.

Para combatir esta situación, el Gobierno presentó esta semana en Bonn un plan cuya intención última es incentivar el ahorro y la eficacia energética, y acabar con las trabas que aún obstaculizan las renovables. El plan incluye, entre otras iniciativas, la revisión del decreto del anterior gobierno sobre retribución de las fuentes renovables (el 12 de marzo), para mejorar específicamene la prima a la biomasa.

Trasponer las directivas

Asimismo, se va a trasponer la directiva para promover la electricidad limpia con el objetivo de facilitar a los productores las conexiones a la red eléctrica y dar garantías a los consumidores sobre los certificados de energía 'verde', esgrimidos normalmente por las grandes compañías con mero ánimo propagandístico para incitar a consumir más. También se adaptará la directiva comunitaria sobre biocarburantes para fomentar su uso y paliar así la dependencia de los combustibles fósiles en el sector del transporte.

Finalmente, la estrategia del anterior gobierno sobre eficiencia energética –que carece de compromisos concretos– se convertirá en un plan de medidas urgentes 'para que la cultura del ahorro y la eficacia se instale en los sectores más consumistas', como el doméstico o la edificación. Un código técnico de edificación y un reglamento para incorporar la energía solar térmica a la construcción son algunas medidas previstas. 'Los sectores del transporte y la edificación tiene un potencial de un 40% de ahorro de energía', recuerda García Breva.

Fuente: Portal del medioambiente (Octubre 2005)

Por: tagoror achinech | Energías Alternativas | Comentarios (0) | Referencias (0)

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